Esta escena la había imaginado cientos de veces. No necesariamente sucedía en este mismo lugar ni a esta hora, aunque la similitud de los colores y los aromas, junto con el color rojizo del cielo, la mayoría de la veces, me hacen suponer que el momento de la acción es el ocaso. Cosa que tampoco me es ajena, ya que a esa hora del día es cuando me suceden las situaciones más extrañas, más inverosímiles. Tanto, que ni siquiera puedo contárselas a nadie, porque lo único que lograría es que ignoren mi relato. Bueno, sin ser tan absolutista, puede que simplemente no me crean o que piensen que estoy loco.
Aunque la locura en estos tiempos termina siendo un antídoto para sobrevivir sin que la realidad te condene, te humille, te desangre y logre destrozarte en miles de partículas que servirán, únicamente, para molestar a alguna de esas amas de casa fanáticas de la limpieza. Cuando nuestro cuerpo hecho polvo se deposite en la mesa recién lustrada, impecablemente limpia y lista para ser manoseada nuevamente. Y vuelta a ser limpiada una y otra… y otra vez.
En qué estaba? En la locura o en el ocaso?. La locura y el ocaso no son la misma cosa?.
Leí alguna vez que a esta hora se producen la mayor cantidad de suicidios. Los días domingos. Aunque ahora se demoran un poco más, ya que como los partidos de fútbol son en directo en ese momento, muchos esperan a la finalización, aunque la verdad, muchas veces dan ganas de matarse en el entretiempo.
Mirá si uno tuviera la posibilidad de una charla técnica cuando la vida te va ganando qué sé yo cuánto… a cero. Cuántas veces miramos a nuestro alrededor buscando un D.T. para que nos diga cómo pararnos. En la vida, digo. En qué puesto es donde podemos rendir más. Si tenemos que ir por adentro o por afuera. Si hay que parar la pelota y distribuir el juego. Pero ya nadie juega. Viste que ya nadie juega?. No sé si te diste cuenta de eso. En este preciso instante que me pasa esto que te estoy por contar me dan ganas de comenzar un juego. Yo hago que escribo y alguien como vos me lee. Yo intento que me entiendas y a la vez vos creés entenderme. Como si fuera fácil entenderme, no?. Como si la lectura y la comprensión de lo que se está leyendo fueran la misma cosa. Única e indivisible. A medida que me leés vas integrándote a mí y a medida que escribo te vas metiendo en mi cuerpo. Y nos fundimos, y nos hacemos vos y yo una sola persona, una sola manera, una sola idea y pensamiento.
Ya me olvidé en qué estaba. Que jugábamos en el ocaso a la locura? O que enloquecíamos al ver la puesta de sol mientras el partido del domingo estaba en el entretiempo y la vida nos iba ganando no sé cuánto a cero?.
En realidad sabía que tarde o temprano esto sucedería. Fueron tantas las veces que lo imaginé. Lo imaginé o lo viví, a esta hora se me mezclan los pensamientos con las acciones. No sé bien si lo pensé o lo viví. Si lo hice o imaginé haberlo hecho. Si estuve o deseé estar en una puesta de sol. Ahora, seguramente, quien me imagino, presiento, intuyo y quiero, va a traspasar esa puerta, y despejando toda sospecha confirmará mis dudas. Terminará con esta espera que no me está haciendo nada bien, como te habrás dado cuenta.
No es que yo necesito que pase, y mucho menos que note mi presencia. No, para nada. Es sólo que a esta hora, en este lugar, o al menos en un lugar como este y en un momento similar al que está sucediendo, por esa puerta o por una puerta idéntica a esa que estoy observando va a pasar quien viene pasando interminablemente por mi cabeza. O por la puerta. Como si fuera una película sin comienzo ni final. Con un solo actor y muchísimas imágenes que, aunque no se repiten, muestran una misma idea, un solo concepto, y una misma manera de ver lo que me rodea y me cubre. Me da ganas y me las quita. Me hace llorar y luego me seca las lágrimas. Cuando estoy solo me acompaña, para marcharse cuando le place. Y en los momentos que más alegre estoy, deposita una pequeña porción de realidad y se aleja para que mi risa se transforme en una mueca. Y me congela. Pero también me da calor cuando comienzo a tiritar. Y en el momento que más atento estoy para volver a verla pasar –por esa puerta-, cambia de rumbo y decide darme la oportunidad de volver a esperarla. En un lugar similar a este. En un momento parecido a este. Tan parecido al ocaso, tan idéntico al amanecer.
® Miguel Angel Cortez. Derechos reservados (izquierdos también)
miércoles, 9 de abril de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

1 comentario:
Bueno Bueno,Ud sabe que es siempre placentero leerlo,y la verdad tiene un estilo en que uno sonrie, se estremece, y se congela al mismo tiempo,no se si eso esta bien para los que escriben o los que saben de las dichosas formulas para hacerlo,solo se que siempre deje que lo que leo me transmita algo, y Ud Mac lo logró.(channn). Por otra parte una objeción, donde decia que las telas tenian que ir con pinceles y oleos incluidos????
Ni una sola mancha en ellas? Seguramente esperan,,,
Lo Leo Mac
De nuevo un gusto.
YOSOYESA
Publicar un comentario